PARTE 2 — EL ANCIANO PENSÓ QUE EL MOTOCICLISTA IBA A TENER COMPASIÓN, PERO EN CAMBIO SE QUITÓ SU PROPIA BUFANDA Y LA USÓ EN EL PERRO
Mason se quedó quieto.
Luego extendió la mano.
Se quitó la gruesa bufanda de lana gris que llevaba alrededor del cuello.
Grande.
Pesada.
Lo suficientemente cara como para que la gente la notara.
El anciano retrocedió inmediatamente.
“No”.
Mason lo ignoró.
Se agachó.
Miró al perro.
El perro parecía sospechoso.
Luego cansado.
Mason envolvió cuidadosamente la bufanda alrededor de su pequeño cuerpo.
Capa por capa.
El perro dejó de temblar casi de inmediato.
El anciano se quedó mirando.
Luego frunció el ceño.
“Tendrás frío”.
Mason se encogió de hombros.
“La motocicleta tiene calefacción”.
No la tenía.
El anciano lo sabía.
Pero no dijo nada.
Mason metió la mano en su chaqueta.
Sacó billetes doblados.
Se los ofreció.
El anciano negó con la cabeza inmediatamente.
“No”.
Mason pareció confundido.
El hombre sonrió cortésmente.
“Quédatelo”.
Mason frunció el ceño.
El anciano explicó en voz baja:
la gente le había dado dinero antes.
A veces.
Pero siempre intentaba ganar primero.
Recogía latas.
Arreglaba bicicletas.
Devolvía carritos de la compra.
La gente actuaba raro cuando aceptabas demasiado.
Mason se quedó mirando.
Luego preguntó:
“¿Cuándo comiste?”
El anciano sonrió de inmediato.
Demasiado rápido.
Respuesta equivocada.
Mason miró el carrito.
No había comida.
Luego señaló.
“Ese es dinero para la cena”.
El anciano seguía sin moverse.
Mason suspiró.
Luego dijo:
“De acuerdo”.
Pausa.
Para ver las instrucciones de cocina completas, vaya a la página siguiente o haga clic en el botón Abrir (>) y no olvide COMPARTIRLO con sus amigos en Facebook.
